Hay decisiones que, en el fondo, ya sabés que están mal. Pero seguís invirtiendo tiempo, plata o energía en ellas como si el solo hecho de insistir fuera a cambiar el resultado. No es terquedad: es escalada de compromiso, el fenómeno que Barry Staw documentó en 1981. Y te pasa porque tu cerebro prefiere proteger tu ego antes que admitir que te equivocaste.
La trampa de la autojustificación
Staw descubrió que, ante la evidencia de que una decisión está fracasando, la respuesta natural no es frenar. Es invertir más: más recursos, más excusas, más tiempo. ¿Por qué? Porque admitir el error duele. Nos genera una disonancia emocional tan fuerte que el cerebro inventa una trampa lógica: “Si aguanto un poco más, voy a demostrar que mi idea era buena”.
Pero hay una línea delgada entre perseverar (avanzar hacia una meta viable) y obstinarse (empujar una pared que no se mueve). La primera es valentía. La segunda es pagarle tributo a tu orgullo.
¿Cuánto te está costando sostener el error?
Te pregunto: ¿cuánto tiempo y energía estás gastando hoy en algo que ya sabés que no es válido? Reconocer el error a tiempo no es debilidad; lo que te destruye es seguir cavando el hoyo.
Porque al final, la pregunta no es "¿Me equivoqué?", sino "¿Voy a seguir pagando el precio de no admitirlo?".
¿Hay algo en tu vida que estés sosteniendo solo para no escuchar un “te lo dije”?
El resto de la explicación —y cómo romper este círculo— lo desarrollo en el episodio 7 de La Pausa.
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Documentación
- Staw, B. M. (1981) — Academy of Management Review (escalada de compromiso)
