
Por qué nos cuesta tanto decir 'me equivoqué'
Es tremendo cuando seguimos invirtiendo tiempo, plata y energía en un error. No porque seamos tontos, sino porque nuestro ego necesita desesperadamente demostrar que no nos equivocamos. Y esto no es un problema de torpeza o mala fe. Es un mecanismo psicológico que nos atrapa a todos: desde el que justifica una compra innecesaria hasta la corporación que insiste en una estrategia fallida. Hace poco, Ford tomó una decisión arriesgada: reemplazó a sus ingenieros más experimentados por herramientas de inteligencia artificial. Pensaron que ajustando parámetros digitales sacarían vehículos más rápido y baratos. La realidad fue otra: la calidad se derrumbó, los problemas de ensamblaje y fallas de diseño empezaron a costar millones en garantías. ...

